MITOS, LEYENDAS Y SÍMBOLOS RELACIONADOS CON LOS SIGNOS DEL ZODÍACO. (PARTE 1)

ESCORPIO



1. ESCORPIO

El escorpión es un animal extraño, que por su par de pinzas delanteras y su aguijón venenoso, a veces mortal, nos hace pensar en una verdadera máquina de guerra ambulante. Se dice de los nativos de este signo zodiacal, el cual tiene como símbolo este arácnido de las regiones calurosas, que son muy resistentes y cuentan con muchos recursos. Tanto es así, que el escorpión posee cuatro pares de pulmones y su reputación de relativa invulnerabilidad no necesita demostración. Se dice incluso que escapa a las emisiones radiactivas, especialmente destructivas. Es un animal nocturno que vive en las regiones calurosas. A modo de ejemplo, la especie que se encuentra en los desiertos no se mueve hasta que no hay una temperatura ambiente de 45 °C como mínimo, mientras que a 20 °C grados se queda petrificado de frío. Su aspecto agresivo, sus movimientos furtivos, silenciosos, rápidos, enérgicos y su veneno mortal, no han hecho precisamente de él un animal que despierte simpatías.

Sin embargo, su carácter luchador y valiente indujo a los antiguos a hacer de él el ''portador de verdad'', el que lucha hasta el final por una causa justa o para que la verdad triunfe. Así, antes de la aparición de la primera dinastía de faraones en Egipto, es decir, al principio del IV milenio a.C., aproximadamente, un mítico rey egipcio, primer unificador del imperio, fue conocido con el nombre de Selek, el escorpión, y se le representó con este animal. Su esposa Selket, representada con la cabeza de Isis tocada por una cofia de rapaz, coronada por un escorpión, era una diosa adorada por una importante comunidad de brujas y curanderos.

Según una leyenda griega, Artemisa, la hermana gemela de Apolo (que será Diana cazadora para los romanos), envió un escorpión a Orión, el cazador gigante, que había intentado violarla. El escorpión le picó en un talón y lo mató. En reconocimiento al servicio prestado a Artemisa, el escorpión que le había permitido saborear la venganza se convirtió en constelación. Orión, después de morir, se convirtió también en constelación. Así, desde entonces, Orión va hacia el oeste y desciende en el horizonte cuando aparece, al este, el Escorpión.

La célebre fábula, de origen oriental, del escorpión que le pide a la rana que le ayude a pasar una corriente de agua sobre su espalda, jurándole por todos los grandes dioses que no le hará daño, pero que finalmente le pica y, claro está, se ahoga con ella, puede ser muy ilustrativa de las pulsiones instintivas irreprimibles que sienten, a veces, los nativos de este signo.

No es un ejemplo exagerado ni debe ponerse en duda. En efecto, no hay ningún otro signo del zodíaco que tenga unas cualidades, por un lado tan lúgubres y negativas y, por otro, tan luminosas y positivas. El signo de Escorpio simboliza las fuerzas regeneradoras, principio sin el cual la vida no podría renovarse. Ahora bien, toda regeneración implica una forma de muerte o destrucción, aunque ésta no sea definitiva. Es necesaria para la renovación de la vida. Así, la simbología y los mitos relacionados con el signo Escorpio están llenos de cierta intensidad que perturba la imaginación, para despertar las conciencias adormecidas.

Aquí, en la Tierra, todo tiene un principio y un final. Pero un final implica necesariamente otro principio, ya que, en realidad, nada muere jamás, todo se transforma. Éste es el gran principio de la vida, que conoce el signo Escorpio.




CÁNCER
                                                                                                                                                       








2. CÁNCER



Prestemos atención al cangrejo, el animal con que se simboliza este signo del zodíaco.

Del mismo modo que de la palabra ''fiesta'' ha derivado ''festejo'', el término ''cangrejo'' es un diminutivo que procede de la antigua palabracangro, nombre con que nuestros antepasados del siglo XIII conocían a ese crustáceo. A su vez, cangro proviene del latín cancer, cuyo genitivo se declinaba como cancri.

Entre los antiguos romanos, la palabra cancer sirvió por igual para designar al cangrejo, para hacer referencias a las cálidas regiones del sur (evidentemente aquellas por las que ''pasa'' el Trópico de Cáncer) y para dar nombre a un signo zodiacal.

En castellano, esta palabra conservó sus tres significados durante toda la Edad Media. Pero a inicios del Renacimiento, hacia el año 1438, también empezó a utilizarse para designar ciertos tipos de enfermedad. En este sentido, hay que buscar la etimología en la palabra griega karkinos, que daría origen al término castellano ''carcinoma''. Entre los griegos, con karkinos se designaba tanto al cangrejo, como a sus pinzas o tenazas y, por extensión, cualquier instrumento de tortura. Asimismo, en numerosas ocasiones la disposición de las pinzas articuladas del cangrejo ha sido relacionada con los brazos de un compás. El cangrejo es un animal que alterna el medio terrestre con el acuático, dotado de un sólido caparazón protector, de pinzas bien desarrolladas, potentes y cortantes y de un abdomen muy reducido. Se encarama en las rocas, vive al ritmo de las mareas y de la Luna, más que ser agresivo, es defensivo y camina de lado o hacia atrás.

Cabe señalar que el cangrejo representado en el decimoctavo arcano mayor del tarot adivinatorio, La Luna, muestra una afinidad con dicho satélite, que los hombres de la Antigüedad no dejaron de revelar: como la Luna, el cangrejo anda tanto hacia adelante como hacia atrás.

Por otra parte, cuando tiene una presa, el cangrejo a menudo prefiere perder sus pinzas que soltarla. Muchos de estos elementos nos recuerdan al nativo de Cáncer, a la vez frágil y tenaz, sensible y dulce, pero cuya combatividad y fuerza de inercia lo confinan a veces al fanatismo.

Como ya sabemos, los dos bucles invertidos y enlazados que simbolizan el signo de Cáncer hacen pensar en los remolinos, en los círculos del agua y en las espirales de las conchas. Algunos vieron en ello la representación de una inversión del movimiento solar, pues Cáncer empieza el día del solsticio de verano, el cual anuncia el decrecer del día y la prolongación de las noches. Pero podría tratarse también de dos lunas crecientes enlazadas, o tal vez una representación del movimiento de las olas, de la marea que sube y baja al ritmo de la Luna. Pues el signo de Cáncer está en correspondencia con todos los mitos relacionados con las aguas-madres originales, nutricias, protectoras, símbolos de toda vida.

Así pues, al igual que el cangrejo, todo lo que está dentro de una envoltura, una cáscara, una concha, pertenece claro está, al campo de este signo, y así ocurre con la matriz, el feto, el huevo y el capullo. Finalmente, el miedo al futuro, una de las características del signo de Cáncer, engendra la nostalgia del pasado, de los orígenes, un espíritu meditativo, contemplativo, una inspiración poética, una imaginación artística, una exaltación o una idealización de la memoria. Debemos hacer aquí alusión a Mnemósine, la personificación mitológica griega de la memoria, que engendró nueve hijas, fruto de nueve noches de amor: ¡las Musas!

Y... ¿qué hacen las Musas? Confieren a los dioses y a los hombres dulzura, dones e inspiraciones...


LIBRA


3. LIBRA


Venus, regente de Tauro, también lo es de Libra. En uno y otro caso, estamos hablando de Afrodita, diosa del amor. Sin embargo, Venus en Tauro se asocia más a la naturaleza fecunda de este signo y a la fase de reproducción que le corresponde.

En el signo de Libra, hablamos de la diosa del amor puro, irresistiblemente bella, con un vestido ceñido que hechizaba a los hombres que se le acercaban.

Además, los legendarios despechos de Afrodita y su extremo sentido de la posesión son características que van más con el nativo de Tauro que el de Libra, siempre en búsqueda de la armonía.

Para la Venus-Afrodita de Tauro, se trata de fecundar, conservar, comunicarse con la naturaleza, tener. La Venus-Afrodita de Libra conjuga el verbo amar para ser amada, vivir, comulgar con ella misma y los demás, ser. La atracción por los alimentos terrestres hace que la Venus-Afrodita de Tauro sea intensamente sensual.

En cuanto a la Venus-Afrodita de Libra, ésta aspira a saborear los alimentos espirituales, sin renunciar por ello a los alimentos terrestres. Es, pues, indecisa e inconstante, ligera, aérea, pero también sincera, exigente, selectiva y exclusiva. Vive un poco entre dos mundos. Los compara con su balanza. Todo ello nos lleva de forma natural a otra figura mitológica relacionada con el signo Libra, cuya historia es un magnífico ejemplo de los compromisos a los que pueden llegar los nativos de este signo. Nos referimos a Perséfone, hija de Zeus y Démeter.

Perséfone fue secuestrada por su tío Hades, dios de los Infiernos, del mundo subterráneo y los muertos, mientras recogía flores con unas ninfas en la llanura de Enna, en Sicilia. Al perder a su hija, Deméter partió en su búsqueda. Durante nueve días y nueve noches, sin beber ni comer, sin tregua ni descanso, sosteniendo dos antorchas con ambas manos, recorrió el mundo en busca de Perséfone. Al décimo día, se encontró a Helio, el Sol, que le informó del secuestro. Furiosa, Deméter, la diosa maternal de la tierra fecunda, decidió exiliarse hasta que le devolvieran a su hija, provocando la esterilidad de la tierra. Para acabar con este desastre, Zeus exigió a Hades que pusiese en libertad a Perséfone, y aquél lo hizo de inmediato. Pero, a su vez, Perséfone, durante su secuestro había quebrantado el ayuno obligatorio en el Infierno comiendo un grano de granada, lo cual la ataba para siempre a ese oscuro reino.

Finalmente, se llegó a un acuerdo: Perséfone pasaría medio año en el Infierno y el otro medio con su madre. De ahí que las plantas broten en primavera, bajo tierra, para ascender hacia el cielo y vuelvan a ser enterradas en otoño durante la siembra.

En la jerarquía del zodíaco, el signo de Libra sigue al de Virgo, que se corresponde con el mito de Deméter, y precede al signo de Escorpio, en analogía con Hades.

Además, el signo Libra empieza el día del equinoccio de otoño, seis meses después del equinoccio de la primavera, que coincide con la entrada del Sol en el signo Libra.


GÉMINIS


4. GÉMINIS



Géminis se identifica, evidentemente, con los gemelos del zodíaco. A menudo se le representa mediante dos niños cuyo parecido es perfecto y que se dan la mano cariñosamente.

Esta imagen nos recuerda el decimonoveno arcano del tarot adivinatorio: el Sol. El hecho de ser gemelo engendra una cierta plenitud, en parte debida a que uno no ha estado nunca solo y no lo estará jamás.

Por otra parte, la posibilidad de crecer con un doble es como tener el privilegio de ser el espectador de uno mismo.

Así pues, se trata más de una identificación con el doble que de una dualidad. En cierto modo, podría decirse que el nacido bajo el signo de Géminis está animado por una voluntad inconsciente de identificarse con otro para reencontrar esta fusión primordial que ha conocido con su gemelo.

Ahora bien, esta ausencia de diferenciación entre él y su otro sí mismo, contrario y complementario, pero no opuesto, ni contradictorio, está perfectamente representada por el mito del andrógino: el ser dotado de dos sexos indiferenciados, parecido a la Tierra y al Cielo antes de que estuvieran separados, según las leyendas cosmogónicas universales.

De hecho, en todos los confines del globo, los mitos antiguos de la Creación son unánimes al narrar que, en el inicio de los tiempos, existía un ser original hombre y mujer, un andrógino primigenio, que fue dividido en dos seres independientes de gran parecido: el hombre y la mujer.

Por ejemplo, según la cábala y diferentes leyendas judías, Adán, carácter masculino, era también ''Adana'' (Adamáh), elemento femenino, mucho antes de que Eva fuera extraída de su costilla y encarnase lo femenino totalmente diferenciado de lo masculino.

El mito del andrógino se encuentra en la leyenda de los Dióscuros (nombre de los gemelos Cástor y Pólux, hijos de Leda). Según esta leyenda, de sus amores simultáneos con su marido, Tindáreo, y con Zeus transformado en cisne, Leda dio a luz a dos parejas de gemelos: Cástor y Clitemestra, cuyo padre era Tindáreo, y Pólux y Helena, los hijos de Zeus. Según la leyenda, los cuatro hermanos nacieron de dos huevos.

Cástor y Clitemestra, por sus genes humanos, tenían una naturaleza instintiva, primaria, terrestre; mientras que Pólux y Helena, por su origen divino, estaban dotados de un carácter más espiritual, puro, ligero.

Estas son características que encontramos a menudo en los nativos de Géminis, divididos entre el instinto y el espíritu o yendo de uno a otro continuamente.



LEO

5. LEO



Siempre considerado el rey de los animales, entendemos que Leo sea un símbolo solar de fuerza, potencia, soberanía, realeza.

Aun más, su melena es muchas veces comparada con el fulgor de los rayos del Sol, el astro rey.

El león es una figura dominante en el panteón mitológico egipcio: Re o Ra, dios del Sol, era representado a través de un león con un sol sobre su cabeza. ''Antiguamente, sobre el oscuro océano del dios Nun (el cielo) al principio de los tiempos, apareció el dios solar Ra, apoderándose de la soberanía del mundo... A partir de este momento, reinó en paz por mucho tiempo en calidad de rey de los hombres y los dioses a la vez y nada ni nadie amenazó su dominio mientras se mantuvo en plena posesión de sus fuerzas'', escribió Adolf Erman Hermann Ranke en su trabajo sobre la civilización egipcia. Frente a este dios solar supremo representado por un león, se encontraba Sejmet, la diosa de la guerra y la medicina, representada en este caso por una leona.

Denominada la diosa del Norte, ya que su más reputado templo se encontraba en Tebas, al norte de Egipto, se le atribuían poderes prodigiosos de destrucción y violencia, pero al mismo tiempo de regeneración, de ahí procede la doble naturaleza de diosa de la guerra y la medicina.

A propósito del antiguo Egipto, evoquemos también Heliópolis, la ciudad del Sol, donde se encontraba ''el templo solar de Ramsés, rey de Heliópolis, en la casa de Ra'' recuperando esta fórmula sagrada, escrita en jeroglífico en el santuario de Ra.

Pero, en referencia al símbolo mitológico del león, debemos remitirnos sobre todo a la imagen de la esfinge, ese león con cabeza humana con la mirada permanentemente puesta en el horizonte, por donde sale el Sol, como recordándonos que si un día no amaneciera, y el Sol no lo anunciara cada mañana, ninguna forma de vida sería posible sobre la Tierra.

La esfinge se consideró un símbolo de regeneración, de fuerza serena, de dominio absoluto de los elementos de la vida y la materia.

Otro mito relacionado con el león y la esfinge es el fénix. Esta ave de origen etíope, sagrada en Egipto y llamada el pájaro Bennu, vivía más tiempo que cualquier ser vivo.

Cuando notaba que la muerte se le acercaba, alcanzaba a aletazos Heliópolis, la ciudad del Sol, para dar allí su último respiro.

Según Herodoto (historiador griego del siglo I a.C.) y Plutarco (escritor griego del siglo I a.C.), se le atribuía el poder de renacer de las cenizas después de haberse consumido en una hoguera. De ahí nació la leyenda mítica del fénix, que renace de las cenizas.

Encontramos una simbología similar en la época medieval: Cristo, a menudo comparado con el león, representa la sabiduría, la fuerza controlada, el conocimiento, el poder y la justicia.

Así como el ave fénix renacía de las cenizas, Jesucristo murió crucificado y resucitó.

Finalmente, la Fuerza (undécimo arcano mayor del tarot adivinatorio) está en armonía con el signo Leo, ya que esta lámina simboliza el triunfo de la fuerza dominada, el coraje y la verdad sobre la violencia, la cobardía y la tiranía.


SAGITARIO


6. SAGITARIO


Sagitario significa «saetero, que lucha con arcos y saetas». Según la astrología tradicional, los 3 decanatos del signo Sagitario se representan con centauros: el primero con el torso inclinado tensando su arco y dirigiendo la flecha hacia atrás; el segundo dirige su flecha al frente; el tercero, con el busto inclinado ligeramente hacia atrás, y con la cabeza y el arco orientados hacia el cielo, preparado para lanzar su flecha a las estrellas. Estas tres direcciones simbolizan el pasado, el porvenir y la vida futura. Nos dan una visión de la triple naturaleza de Sagitario, psíquica y pulsional, carnal y material, religiosa y espiritual, en correspondencia con los tres elementos que constituyen el arco: el cuerpo del arco, la cuerda y la flecha.

Las palas del arco representan la parte inferior y animal del centauro, la bestia que dormita en Sagitario, cuyo instinto se confunde con la tierra. Así pues, el Sagitario del primer decanato, que apunta su flecha hacia atrás, está orientado hacia las pulsiones de vida y de muerte en relación con el signo del zodíaco que le precede, Escorpio.

La cuerda representa la tensión del deseo que permite proyectarse hacia el porvenir, avanzar hacia delante. Simboliza el dinamismo y el entusiasmo, dos cualidades inherentes a los nativos de este signo. Así, el centauro que se encuentra en el segundo decanato de Sagitario dirige su flecha hacia delante, hacia el horizonte que quiere franquear para sobrepasar sus límites y explorar un nuevo territorio.

Finalmente, la flecha es el símbolo del destino. Se asocia con el relámpago y el rayo, atributos que pertenecen a Júpiter, el astro regente de este signo. El relámpago es la flecha de fuego. En referencia a esto, señalemos que El Enamorado, el sexto arcano mayor del tarot adivinatorio, presenta una analogía con el signo Sagitario. En efecto, el ángel que sobrevuela por encima de los tres personajes representados en este arcano, sostiene un arco en la mano y está listo para lanzar su flecha. Este arcano, que hace evidentemente alusión al amor, es una metáfora de lo que se llama comúnmente un ''flechazo''. El rayo, el relámpago, la flecha… también es llamada ''lanza del destino''. Así pues la noción de elección, que ilustra este arcano, se refiere al destino.

Mientras la parte inferior del cuerpo del centauro es la de un animal, la parte superior posee un carácter angelical.

El centauro, que en un principio era un ser legendario y mítico asociado a una divinidad de la montaña y los bosques, está simultáneamente en relación con las capas más profundas de la naturaleza terrestre y con las zonas elevadas o superiores del mundo celeste. Lleva consigo la Tierra y el Cielo. El mito de Sagitario es, pues, el centauro, medio hombre, medio animal, o más exactamente, medio ángel y medio bestia. Como el ángel es una divinidad de la naturaleza y la bestia se confunde con la misma, el centauro se sitúa en el corazón de la vida terrestre y material.

Sagitario significa ''la flecha''. Así, al lanzarla, manifiesta la capacidad y voluntad de escoger su destino, de dominar sus deseos y conseguir un objetivo que no es otro que él mismo, el centro de su ser. La palabra latina saggita (saeta, flecha) deriva del verbo sagire, que significa percibir rápidamente. Vivo como el relámpago, Sagitario tiene talento.

http://listas.20minutos.es/lista/mitos-leyendas-y-simbolos-relacionados-con-los-signos-del-zodiaco-341826/



SAIKU


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