HOGAR.

foto de Saiku.




Carecer de hogar es ser libre, es la libertad. 

Significa que no hay apegos, ni obsesión por algo que está fuera; que no necesitas tener calor del exterior, pues tu calidez está dentro de ti. Eres la fuente del calor, no necesitas más. 

Así que cuando estás sin hogar, curiosamente estás en casa.

La gente que está en búsqueda de un hogar está siempre cayendo en la desesperación y finalmente va a sentir: «Hemos sido defraudados. 

La vida nos ha defraudado, pues nos dio el deseo de encontrar un hogar y no hay para nada un hogar, simplemente no existe».

Tratamos de hacer un hogar de todas las formas posibles: encontrando un marido, una esposa, trayendo hijos al mundo...


Uno trata de formar una familia, ése es el hogar psicológico.
Uno no hace solamente una casa, sino que trata de hacerla casi como una entidad viviente.
Una persona trata de hacer su casa de acuerdo con sus sueños, que será la culminación de lo cálido, en medio de esta frialdad...


Y es vasta la frialdad de la existencia. 

El universo entero es tan frío, tan indiferente, que quieres crear un pequeño refugio para ti, donde sientas que te cuidan, que alguien te protege, que algo te pertenece, que eres dueño de algo y no un vagabundo sin hogar.

Pero en la realidad, esta clase de idea va a darte sufrimiento, porque algún día encontrarás que tú y el marido con quien has vivido, la esposa con quien has vivido, sois extraños. 

Incluso después de vivir juntos cincuenta años, lo extraño no ha desaparecido; por el contrario, se ha profundizado. 

Vosotros erais menos extraños el primer día en que os encontrasteis.

Conforme el tiempo pasa y estáis juntos, más y más os convertís en extraños, pues os conocéis uno a otro cada vez más y no llegáis a entender quién es la otra persona. 

Cuanto más conoces, menos sabes. 
Parece que cuanto más convives con una persona, más cuenta te das de que tu ignorancia acerca del otro es absoluta; no hay manera de superarla.

Tus hijos, habías pensado que eran tuyos y un día te encuentras que no son tus hijos. 


Has sido sólo el medio a través del cual ellos han venido. Tienen su propia vida, son absolutamente extraños. No te pertenecen. Encontrarán sus propios caminos y su propia vida.

¿Quién está contigo?


Nadie está contigo.


Estás siempre en la multitud, pero solo. 


Si estás solo o en medio de la multitud, no hay diferencia; en tu hogar o peregrinando, no hay diferencia.

El hombre nace sin hogar, durante toda la vida permanece sin hogar, y muere sin hogar. Aceptar esta verdad proporciona una increíble transformación.

 Entonces ya no buscas tu hogar, pues ese hogar es algo que está allá, lejos, ajeno a ti. 

Y todos buscan un hogar. Cuando ves lo ilusorio de esto, en vez de buscar un hogar empezarás la búsqueda del ser que ha nacido sin hogar, cuyo destino es permanecer así. 

No hay forma de hacer un hogar.

Y éste es el milagro: en el momento en que te das cuenta de que no hay forma de hacerte un hogar, la existencia entera se vuelve hogar. 


Entonces, dondequiera que estés, estás en casa.

No busques un hogar porque no hay ninguno. Búscate a ti mismo, ¡porque hay uno!


OSHO 





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SAIKU


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