´Transmigración´.




Se afirma que la trasmigración es el movimiento de un alma de un cuerpo a otro. 

Hay muchos, muchos casos registrados en la historia del mundo en que el alma de una persona se ha separado de un cuerpo y, antes de que la muerte sobreviniera a ese cuerpo, adoptó otro.
Un ejemplo claro de transmigración lo podemos encontrar en la Biblia: Después que el hombre Jesús volvió de sus viajes de Oriente, se dirigió nuevamente a un lugar distante donde no podía ser molestado por curiosos; allí abandonó su cuerpo físico y se fue a otros lugares. Otra entidad del espacio se hizo cargo de su cuerpo, tal como se había establecido previamente. Así, el hombre Jesús abandonó su cuerpo, y el espíritu de Cristo se hizo cargo de él y se convirtió en "el Cristo". Esto no es sino trasmigración.
A mucha gente le resulta difícil comprender este asunto de la trasmigración. Pero Cristo la enseñó. Cristo mostró también la reencarnación y, si se leyera la Biblia con mente alerta, se comprenderían todas estas cosas.
Otro de los muchos casos de transmigración que ha ocurrido a través de la historia de la Tierra es el caso de Shakespeare. Si bien no interesa realmente quién fue Shakespeare ni por qué hay tanto misterio en torno de eso, le diré algunas cosas incuestionables.
Aquel muchacho, hijo de un aldeano, que más tarde sería conocido con el nombre de Shakespeare, poseía un don extraordinario. Tenía una "frecuencia" perfectamente compatible con una entidad que necesitaba venir a la tierra para llevar a cabo una misión especial, de modo que el joven Shakespeare mereció que ésta reparase en él con toda atención, como podría hacerlo un diligente jardinero al ver brotar una planta extraña y preciosa. En el momento oportuno se produjeron ciertos cambios por los cuales la entidad que a la sazón habitaba el cuerpo de quien posteriormente iba a ser conocido como Shakespeare, el dramaturgo, fue liberado de lo que ya le resultaba un tedioso cautiverio. A él no le agradaba vivir en la pobreza, pasar privaciones, de manera que fue fácil realizar las debidas diligencias para que la entidad que gobernaba a Shakespeare lo abandonara —renunciara a su dominio— y cambiase de lugar.
La entidad que tenía que llevar a cabo aquella tarea especial, y que por largo tiempo había estado buscando algún vehículo apropiado —porque para estas elevadas entidades es excesivamente dispendioso tener que bajar, volver a nacer y arriesgarse a perder muchos conocimientos a través de la experiencia traumática del nacimiento—, vio ya formado a ese huésped adecuado, y en el momento debido salió del cuerpo de éste la primera e inmediatamente lo ocupó la segunda.
A partir de ese instante, en el cuerpo de aquel humilde aldeano hubo un intelecto descomunal, un intelecto formidable para el cual era sumamente difícil adaptarse a un espacio reducido, para acomodarse a las limitadas circunvoluciones de un cerebro. Por ello sobrevino un breve período de estasis durante el cual no produjo ninguna obra. Entonces, la gigantesca entidad que regía el cuerpo del aldeano se marchó a Londres, partió a explorar, para acostumbrarse a ese nuevo cuerpo y vencer sus imperfecciones.
Con el correr del tiempo y a medida que se familiarizaba cada vez más con el cuerpo y el cerebro, la entidad dio comienzo a su tarea y escribió obras clásicas inmortales. Empero, daba la impresión de que aquellos trabajos no podían provenir de un escritor de la crianza que trasuntaba su aspecto exterior. Y de ese modo, con el trascurrir de los años fueron apareciendo dudas, recelos y conjeturas absurdas acerca de quién pudo haber sido Shakespeare, respecto de quién pudo haber escrito las obras de Shakespeare.
¿La respuesta? Quien escribió tales obras, por ser ésa su misión, fue la entidad que gobernaba el cuerpo de Shakespeare, el cual, luego de cumplir su cometido, murió dejando tras sí lo que para muchos constituye un enigma, un problema insoluble.
En tiempos de la Atlántida y... (¡Pues claro! La Atlántida existió realmente. No se trata de una mera ficción nacida de la fantasía de algún escritor. ¡Existió! Pues bien, en tiempos de la Atlántida había allí una civilización muy elevada. La gente "andaba del brazo de los dioses" y los Jardineros de la Tierra vigilaban siempre la evolución que allí se llevaba a cabo. Pero como los que se sienten observados recelan de quienes los observan, sucedió que los Jardineros utilizaban el recurso de la trasmigración a fin de contar con una manera más adecuada para realizar sus observaciones.
Los espíritus de los Jardineros utilizaban una serie de cuerpos de vibraciones apropiadas y, de esa manera, se mezclaban con los seres humanos y podían descubrir qué pensaban de ellos y qué podían estar urdiendo.
Los Jardineros de la Tierra, que tenían la misión de cuidar aquella misteriosa civilización, sabían que los sumerios también tenían tutores llegados a la Tierra por trasmigración, puesto que era sumamente lento cruzar el vacío con enormes naves espaciales, ¡con la trasmigración, en cambio, podía hacerse en cuestión de segundos.
Los egipcios fueron también muy controlados por entidades superiores de las cuales recibieron todo su saber; éstas entraban en cuerpos 'especialmente preparados que, cuando no se utilizaban, se limpiaban minuciosamente, se envolvían y se ponían aparte en cajas de piedras. Los ignorantes nativos egipcios, que echaban miradas furtivas durante las ceremonias, llegaron a la conclusión de que los Jardineros preservaban de ese modo los cuerpos y, en consecuencia, quienes presenciaban tales procedimientos acudían presurosos a sus sacerdotes para referirles todo cuanto habían visto.
Los sacerdotes, entonces, pensaron que ellos podían intentar tales cosas; de suerte que, cuando moría una persona muy conspicua, la envolvían con vendas, la cubrían de especias y hacían una serie de cosas más, pero advirtieron que los cuerpos se descomponían. Entonces llegaron a la conclusión de que eran los intestinos, el corazón, el hígado y los pulmones los causantes de la putrefacción, de manera que sacaron todas esas partes y las pusieron en recipientes separados. Es una suerte que no se propusieran preparar cuerpos huéspedes para posibles espíritus, porque por cierto les habrían faltado muchas vísceras, ¿no es verdad?
Por supuesto, algunos de los llamados embalsamamientos se hacían cuando debía ponerse a algún ser extraterrestre enfermo en estado de vida latente a fin de trasladarlo a una nave espacial y llevarlo a otra parte para su tratamiento.
En la Tierra hubo gran cantidad de conductores célebres, entidades que trasmigraron a cuerpos de seres terrestres, entre ellas Abraham, Mahoma, Moisés, Gautama, Cristo y aquel famoso genio entre los genios: Leonardo da Vinci. Leonardo, cuyos inventos son incontables, acrecentó grandemente los conocimientos de este mundo. Como creo que todo el mundo lo reconoce, tenía facultades y conocimientos que excedían en mucho el saber propio de los terrícolas. El individuo conocido como Leonardo da Vinci era hijo natural y no tenía dotes especiales; tal vez, pudo haber sido, inclusive, hijo de un plomero. En cambio, el cuerpo de la persona que después fue Leonardo da Vinci era de un nivel de vibración tal que una Entidad superior pudo haberlo tomado y realizar todas las cosas que ningún ser humano podía lograr.
Y yo digo, con la mayor seriedad, que si la gente de este mundo estuviese dispuesta tan sólo a escuchar a quienes en verdad pueden llevar a cabo la trasmigración, se abrirían maravillosas posibilidades para la exploración espacial. Piénsese en todos los mundos que existen y en la posibilidad de visitar cualquiera de ellos en cuestión de segundos. Algunos de esos mundos tal vez jamás puedan ser recorridos por seres humanos corrientes puesto que la atmósfera quizá no sea la adecuada, el clima tal vez no sea el conveniente y la gravedad posiblemente no sea la apropiada. Pero cuando una persona efectúa la trasmigración puede tomar el cuerpo de un natural del planeta y explorar el espacio celeste sin dificultades de ninguna especie.
Los seres humanos, con una buena preparación en la ciencia de la trasmigración, podrían entrar en cuerpos de animales de modo de poder estudiarlos adecuadamente. Eso ya se ha hecho con anterioridad, inclusive con cierta frecuencia y, a causa de algunos recuerdos atávicos, existen algunas falsas creencias que aseguran que los seres humanos vuelven a nacer con forma de animales. Pero no es así, como tampoco que los animales nazcan con forma humana. Por lo demás, los animales no son inferiores a los seres humanos. Pero como existe el recuerdo atávico de que los Jardineros de la Tierra tomaban el cuerpo de determinados animales, la conciencia de ese hecho ha persistido en forma falseada. Así es como las buenas religiones se adulteran.

L. Rampa —



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SAIKU


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