Juegos Psicológicos: “Juzgado”





PROPÓSITO: En este juego hay más de dos jugadores: un demandante, un acusado y un juez o jurado. En él, los dos principales jugadores (demandante y acusado) buscan la intervención de terceros (terapeuta, amigos, parientes) para exponer sus alegatos y argumentos de mutuo ataque buscando que se les de la razón. Aquí entra en acción el juez o jurado y todos ganan sentirse mal: los litigantes porque aumentan su resentimiento por las acusaciones hechas ante un tercero, y este porque queda atrapado diga lo que diga.

GANANCIA PSICOLÓGICA: Cada uno presenta su “caso” con la esperanza de salir absuelto o inocente y de que el otro sea juzgado culpable. La ganancia, por tanto, está en la alianza que se obtiene de quien ostenta el papel de juez, reafirmándo así su postura existencial: “yo estoy bien, tú estás mal”. Son variadas las ventajas: proyectar mi culpa en el otro, ganar las “caricias” del juez o jurado, afianzar mi posición depresiva (“nunca tengo la razón, están todos contra mi”),…

POSICIÓN EXISTENCIAL: Frecuentemente, la persona que practica “Juzgado” aprendió en la infancia cómo manipular figuras de autoridad para que se pusieran de su parte y en contra de sus oponentes. Su posición existencial es “Yo estoy bien, tú estás mal”.

EJEMPLO DE “JUZGADO”: Con frecuencia las parejas llevan su “caso” a un psicólogo para que lo juzgue; los empleados de una oficina pueden llevar sus quejas al jefe o a sus compañeros durante un descanso; un profesor y un estudiante pueden llevarlas al director, al decano o a la junta directiva del colegio.

Ejemplo de una pareja en la consulta del psicólogo:

– Juan (marido) al psicólogo: “Déjeme que le cuente lo que hizo ayer: cogió el…. (etc.)”.

– María (esposa) al psicólogo: “Eso no es cierto. Lo que ocurrió en realidad fue que él…. (etc)”.

– Psicólogo (en papel de juez): “Teniéndo en cuenta de que… (etc) yo creo que tú actitud, María, no fue la más adecuada,…”.

ANTÍTESIS DE ESTE JUEGO: El tercer participante tiene en su mano romper este juego: dejando al descubierto las intenciones de demandante y acusado, devolviéndolos a un asunto a resolver entre dos.

Siguiendo con el ejemplo anterior:

– Psicólogo al marido: “¡Tiene usted toda la razón!”. El marido pone cara de complacencia y el psicólogo le pregunta: “¿Cómo se siente al oirme decir eso?”

– Juan (marido) al psicólogo: “Perfectamente”.

– Psicólogo al marido: “La verdad es que creo que usted no tiene la razón. Y ahora, ¿cómo se siente?”

El terapeuta pone una regla prohibiendo el empleo (gramatical) de tercera persona. De ahí en adelante ambos sólo pueden dirigirse el uno al otro directamente como “tú” o hablar de sí mismos como “yo”.

M. Angeles Molina.


Directora y Psicóloga (col. 1642) de PSINERGIA

http://nodejardeleer.blogspot.com.ar/



SAIKU

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