WAYNE W. DYER - TUS ZONAS SAGRADAS





Sé que ya soy un ser entero
y que no necesito perseguir nada

con el fin de estar completo

Cuando se ponga en el camino de la búsqueda espiritual ya habrá de­cidido cómo abandonar tales comportamientos.

    Manifestaciones corporales. Presión sanguínea alta, malestar general,
úlceras, comerse las uñas, fumar, beber y comer en exceso son pruebas
de un perpetuo estado de lucha y ansiedad.
    Medir su felicidad basándose en la posición que ocupa, ya sea en su pro­
fesión, ya en su comunidad. Usted busca constantemente posiciones más
altas y más prestigio para demostrar su competencia o valor.
    Búsqueda de símbolos externos de éxito. Dedica su atención a las no­
tas, los trofeos, las clasificaciones o cualquier otro reconocimiento que
usted necesita para sentirse bien consigo mismo.
    Vivir en un permanente estado de preocupación y ansiedad. Usted man­
tiene conversaciones consigo mismo que giran en torno a cosas como la
necesidad de conseguir un ascenso, el temor de que su seguridad se ha­
lle en peligro a menos que obtenga más dinero, y la ansiedad respecto
de la falta de propósito en su familia. Estos pensamientos le apartan
del momento presente y le causan preocupación o temor.
    Poner una etiqueta con el precio a cada cosa que hace. Usted centra su
pensamiento en el dinero. Su tendencia es emplear el criterio moneta­
rio como medio exclusivo de evaluación de sí mismo y de los demás.
    Hacer del «intento» y el «esfuerzo» las piedras angulares de su filosofía
vital. Usted siente que tiene que estar siempre atareado con el fin de ser
digno de aprecio. Juzga a los demás como haraganes o indignos de
aprecio si disfrutan del ser en lugar del hacer.
    Hallar defectos en el mundo tal cual es. Usted es incapaz de aceptar
lo impredecible de la naturaleza. Está preocupado por el miedo a la
muerte y se siente atraído por las conversaciones que se lamentan de los
desastres que suceden.
    Ser incapaz de pasar un rato en calma y a salas. Usted llena su tiem­
po con conversaciones telefónicas, mirando la televisión o planeando
acciones futuras. Está siempre preocupado con las fechas límite que se
avecinan. Rechaza la idea de la meditación o la contemplación como
una pérdida de tiempo.

     No ser capaz de permitir que el silencio sea una parte natural de su rela­
ción con los otros. Se siente impelido a llenar cualquier hueco de silencio
con actividad o conversación.
     Tendencia a hacerlo todo rápido. Se impacienta con quienes no ha-­
blan, se mueven, comen o conducen con la rapidez suficiente como
para encajar en su modelo de conducta. Corre por la vida y juzga nega-­
tivamente a los que avanzan a paso más lento.
Estos son algunos conceptos de la interminable lista de comporta­mientos típicos de la lucha. Cuando confiamos en nuestro falso yo en lugar de hacerlo en nuestra conciencia espiritual, estos comportamien­tos se transforman en una parte habitual de nuestras vidas. Es posible transformar estas pautas de comportamiento del ego cuando uno exa­mina el porqué su ego le insiste tanto en que vaya en esa dirección.

WAYNE W. DYER
 TUS ZONAS SAGRADAS





















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