El bien más precioso: la vida


¡ Cuántas veces os ha sucedido que desperdiciáis vuestra vida corriendo
detrás de adquisiciones que no son tan importantes como la vida misma!
¿Habéis pensado en ello? Si pusierais a la vida en primer lugar, si pensarais en
cuidarla, protegerla, conservarla con la mayor integridad, con la mayor pureza,
tendríais cada vez más posibilidades de obtener lo que deseáis. Pues
precisamente esta vida limpia, iluminada, intensa, es la que puede
proporcionároslo todo.
Por el hecho de estar vivos creéis que todo os está permitido. Pues no; cuando
hayáis trabajado durante años para satisfacer vuestras ambiciones, os
encontraréis un día tan agotados, tan hastiados de todo, que si colocáis en una
balanza lo que habéis obtenido y lo que habéis perdido, os daréis cuenta que lo
habéis perdido casi todo para ganar muy poco. Cuántas personas dicen:
«Puesto tengo la vida, puedo servirme de ella para conseguir todo lo que
deseo: dinero, placeres, conocimientos, la gloria. . . » Entonces se posesionan
de todo, y cuando no les queda nada tienen que interrumpir todas sus
actividades. No tiene sentido actuar así, pues si se pierde la vida, se pierde
todo. Lo esencial es la vida, y debéis protegerla, purificarla, reforzarla, eliminar
lo que la dificulta o la bloquea porque gracias a la vida obtendréis la salud, la
belleza, el poder, la inteligencia, el amor y la verdadera riqueza.
En lo sucesivo, trabajad pues para embellecer vuestra vida, para intensificarla,
para santificarla.
Pronto la sentiréis: esta vida pura, armoniosa, alcanzará otras regiones donde
actuará sobre multitud de entidades que vendrán después a inspirar os y
ayudaros.

Conciliad la vida material y la vida espiritual

Nadie os pide abandonar completamente la vida material para consagraros
únicamente a la meditación ya la oración, como hicieron algunos místicos o
ascetas que querían huir del mundo, de sus tentaciones y de sus dificultades.
Pero dejarse absorber por las preocupaciones materiales, como hacen cada
vez más los humanos, tampoco es bueno.
Todos tenéis derecho a trabajar, a ganar dinero, a casaros, a fundar una
familia, pero debéis tener al mismo tiempo una luz, unos métodos de trabajo ,a
fin de avanzar en el camino de la evolución. La cuestión consiste, pues, en
poner en funcionamiento a la vez el lado espiritual y el lado material: estar en el
mundo pero poder vivir al mismo tiempo una vida celestial. Esta debe ser
vuestra meta. Ciertamente esto es difícil, pues todavía os encontráis en la
encrucijada de que si os lanzáis a la vida espiritual, abandonáis vuestros
asuntos, y si arregláis vuestros asuntos, abandonáis la vida espiritual. Pues no;
ambas cosas son importantes, y vosotros podéis conseguir equilibrarlas.
¿Cómo? . . . pues bien, cualquier cosa que emprendáis, comenzadla diciendo:
« y o busco la luz, yo busco el amor , yo busco el verdadero poder. ¿Los
obtendré haciendo esto o aquello? » Reflexionad, y si veis que tal
preocupación, tal actividad os aleja de vuestro ideal, abandonadla.

Consagrad la vida a un fin sublime

Es muy importante que sepáis con qué fin trabajáis y para quién, pues según
sea el caso, vuestras energías tomarán talo cual dirección. Si consagráis
vuestra vida a un fin sublime se enriquecerá, aumentará en fuerza y en
intensidad. Es exactamente como si hicierais fructificar un capital. Colocáis este
capital en un banco celestial, y entonces en lugar de malgastarse,
despilfarrarse, aumenta y os enri quecéis. y como sois más ricos, tenéis la
posibilidad de instruiros y de trabajar mejor. El que se entrega a los placeres, a
las emociones, a las pasiones, dilapida su capital, su vida, porque todo lo que
obtiene así debe pagarlo, y acaba pagándolo con su vida. Mientras que
colocando vuestro capital en un banco de los de arriba, trabajáis más, os
fortalecéis más porque continuamente nuevos elementos más puros, más
luminosos, se van introduciendo en vosotros, reemplazando a los que habéis
perdido.

La vida cotidiana: una materia que el espíritu debe transformar

En todos los actos de la vida cotidiana, incluso en los más simples, debéis
aprender a poner en acción fuerzas y elementos que as permitan trasponer
estos actos al plano espiritual, alcanzando así los grados más altos de la vida.
Consideremos lo que ocurre en un día normal. Nos despertamos e
inmediatamente se desencadena toda una serie de procesos: pensamientos,
sentimientos, y también gestos, como levantarse, encender la lámpara, abrir las
ventanas, lavarse, preparar el desayuno, ir al trabajo, encontrarse con
determinadas personas, etc. Cuántas cosas que hacer, y todo el mundo tiene la
obligación de hacerlas. La diferencia está en que algunos las hacen
maquinalmente, mecánicamente, mientras que otros, por el contrario, al poseer
una filosofía espiritual, procuran desarrollar en cada uno de sus actos una vida
más intensa, p1ás pura, y entonces todo resulta transformado, todo toma un
sentido nuevo, con lo cual se sienten continuamente inspirados.
Evidentemente vemos a muchas personas que se muestran dinámicas,
emprendedoras, pero toda esta actividad está dirigida a la consecución del
éxito, del dinero, de la gloria; no hacen nada para que su existencia sea más
serena, más equilibrada, más armoniosa. y esto no es inteligente, pues esta
actividad desbordante no consigue más que agotarles y enfermarles.
Acostumbraos pues a considerar vuestra vida cotidiana, con los actos que
debéis realizar, los acontecimientos que se os presentan, los seres junto a los
que debéis vivir o con los que os encontráis, como una materia sobre la que
debéis trabajar para transformarla. No os contentéis con aceptar lo que recibís,
con soportar lo que os llega, no permanezcáis pasivos, pensad siempre en
añadir un elemento capaz de animar, de vivificar, de espiritualizar esta materia.
Pues verdaderamente la vida espiritual consiste en ser capaz de introducir en
cada una de vuestras actividades, un elemento susceptible de proyectar esta
actividad hacia un plano superior. Diréis: «¿y la meditación, y la oración...?»
Pues bien, precisamente la oración y la meditación os sirven
para captar estos elementos más sutiles, más puros, que os permiten dar a
vuestros actos una nueva dimensión.
Pueden producirse en vuestra existencia acontecimientos que imposibiliten la
práctica de los ejercicios espirituales que estáis acostumbrados a hacer cada
día. Pero esto no debe impediros seguir en contacto con el Espíritu. Pues el
Espíritu está por encima de las formas, por encima de las prácticas. En
cualquier situación, en cualquier circunstancia, podéis poneros en contacto con
el Espíritu para que anime y embellezca vuestra vida.

REGLAS DE ORO PARA LA VIDA COTIDIANA
Omraam Mikhael Aivanhov 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada