EL LLANTO TÓXICO

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No hay nada malo en expresar nuestro dolor, pero si nos aferramos a él se convierte en un castigo que nos imponemos a nosotros mismos.
ELISABETH KüBLER-ROSS

Llorar nos hace bien cuando necesitamos expresar nuestro dolor, y hacerlo en el momento adecuado puede brindarnos una sensación de alivio o «descarga» emocional.
No se trata de dejar de llorar, porque «a veces» es bueno. Sin embargo, es preciso saber administrar nuestras lágrimas para que el llanto no se vuelva una respuesta inmediata ante la frustración y de esta manera pase a ser un estado tóxico donde nos volvamos vulnerables y víctimas de todo.
Utilizando el llanto poco a poco hemos ido perdiendo la capacidad resolutiva frente a las circunstancias y nos hemos enredado en la autocompasión, entonces la pregunta es: ¿cómo hacer para no llorar todo el tiempo?
Existen tres llantos inútiles y tres llantos útiles:
Llanto tóxico  «Las lágrimas de cocodrilo» o el llanto manipulador.
Es el de esas personas que lloran para cambiar el ambiente. Por ejemplo, encontramos a las madres que te lloran así: «Está bien, si mamá sobra en esta casa, mamá se va... y donde va, allí estará en paz.»
También hay oradores que lloran para manipular; les encanta relatar todas esas anécdotas «lacrimógenas»: «Recuerdo cuando estábamos en tal lugar, y no teníamos nada para comer...» Se proponen dar lástima y que la gente se compadezca para, de esa manera, hallar un beneficio.
Pero ¿de dónde se aprende este tipo de llanto?
De los bebés. El bebé llora para pedir algo.
Dicen las estadísticas que en los primeros dos años los padres oyen llorar a sus hijos doscientas veces. El bebé llora para que le cambien los pañales, llora para ser abrazado,llora para que le den de comer, etcétera.
Es interesante que los bebés cuando lloran lo hagan siempre en el mismo tono: do mayor. Y de mayor uno le va agregando tonos nuevos.
Descubre que cuando llora le responden, y cuando es mayor quiere hacer lo mismo; se dice a sí mismo: «Si lloro, viene lo que necesito.» Es un llanto manipulador.
El cocodrilo es, de todos los animales, el único que tiene lágrimas; pero no llora por emoción, sino porque cuando traga a su víctima, esta le presiona las glándulas lacrimales. Por eso el dicho de las lágrimas de cocodrilo se refiere aalguien que dañando llora.
Hay personas que al caer enfermos en la infancia, recibieron de sus padres cuidados y amor; y así asociaron que la enfermedad trae consuelo y ternura. Al crecer, no saben pedir amor, recurren al dolor, a «caer enfermos», a la lástima, para recibir otra vez abrazos. Cuando se aprende a pedir el amor y no se recurre a la manipulación, la persona queda libre del llanto tóxico.
• Llanto tóxico «Las lágrimas por todo» o llorar según dice la cultura:
Hay gente a la que le encanta ver películas para llorar
Otro concepto cultural es que «los hombres no lloran», y desde pequeños recibimos esta creencia como cierta. Si en el colegio un niño llora le tildan de «afeminado». Esto nos ha llevado a asociar llanto con debilidad. Por eso los hombres no lloramos, porque si lo hacemos nos sentimos débiles.
Los hombres sí tenemos permitido emocionarnos o llorar cuando vemos una película de acción o de un rescate y nos identificamos por heroísmo o patriotismo, entonces sí.
Por cultura la mujer llora más que el hombre. Las mujeres lloran en promedio treinta veces al año, y los hombres, solo seis. El varón llora de promedio cuatro minutos. Por otra parte, a partir de los sesenta años, lo que nos ocurre a todos es que producimos menos lágrimas, por eso lloramos menos.
Todos los llantos de la cultura te dicen cuándo deberías llorar, aunque ese llanto no te sirva para nada.
Ahora sí, los tres llantos útiles o positivos:
• Llorar por dolor
Llorar en el duelo. Cuando perdemos a alguien hay que llorar. En esas circunstancias tenemos que expresar nuestro dolor. Aunque nos digan «no llores, Dios se lo ha llevado, está con el Señor, etcétera», pero no lloramos porque está allí, lloramos porque ya no está aquí, con nosotros.
El duelo es esa emoción encontrada en la que lloramos por lo que hemos perdido, pero a la vez sabemos que no lo vamos a recuperar. Y ahí aparecen emociones, rabia, tristeza, «por qué a mí... qué pasó...».
Este es un llanto positivo, sano: tenemos que sacar todo el dolor hasta que se consuma.
Debemos buscar un lugar sano, adonde podamos ir a llorar y gastar nuestro dolor y donde nadie nos mire de forma rara y nadie nos cuestione, porque el llanto del dolor se tiene que consumir. Tenemos que gastar las palabras que no le dijimos al que partió, las palabras que nos quedaron guardadas en el cuerpo; todo tiene que salir.
El duelo y el dolor nunca te roban la vida, no es cierto que si lloras no vas a poder seguir: todos tenemos la posibilidad de recuperarnos de ese dolor. Es bueno agotar esas lágrimas y poder decirle al otro, al que no está, como en un juego de rol, lo que tienes dentro: esto te ayuda a desahogarte.
Una vez que consumas el dolor, todo lo que haz perdido regresará a tus manos.
• Llorar por los cambios trascendentes
Es un llanto que expresamos cuando tenemos un cambio importante. Cuando nace un hijo, cuando nos casamos, cuando nos mudamos, por cambios de trabajo, cuandoencontramos pareja o cuando nos separamos...
Se trata de un llanto que funciona como catarsis. Son lágrimas permitidas y correctas que nos ayudan a atravesar el cambio.
• Llanto por revelación o iluminación
Existe un llanto provocado por el descubrimiento de una verdad que uno desconocía.
Ocurre muchas veces que cuando te das cuenta de algo, cuando «se te enciende la bombilla», y te impacta el pensamiento, de pronto te encuentras llorando y dices: «¿Qué me está pasando?» Es como si te despertaras de la situación anterior a una nueva. Es lo que los psicólogos llamamos «darse cuenta».
La visión de un gesto de amor o descubrir algo de nosotros o de otro que nos arroje más luz, puede presentarse, en ciertas personas, acompañado de lágrimas.
Bernardo Stamateas

EMOCIONES TÓXICAS

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