UN VIAJE SIN FIN




LA MADURACIÓN ES UN PROCESO CONSTANTE. 

No hay un punto y final, ni siquiera un punto y coma… sigue sin parar. 
El universo es infinito.
La posibilidad de madurar también es infinita.
Puedes volverte inmenso... Tu conciencia no está limitada a tu
cuerpo. Se puede extender por toda la existencia, y todas las estrellas
pueden estar dentro de ti. En ningún sitio encontraras un cartel que diga:
«Aquí se acaba el universo.» No es posible. Nunca comienza y nunca
acaba.
Y tú formas parte de él. Siempre has estado aquí y siempre seguirás
estando aquí. Sólo cambian las formas, pero la forma no importa. Lo que
importa es el contenido. Recordad que, especialmente en América, son
más importantes los contenedores que el contenido. ¿A quién le interesa
el contenido? El contenedor tiene que ser atractivo.
Recuerda, tú no eres el contenedor. Eres el contenido. Las formas
cambian, pero tu ser permanece igual. Y va creciendo, madurando y
enriqueciéndose cada vez más.
Tú preguntas: «¿Cuál es la relación entre conciencia y madurez?»
La conciencia es el método; la maduración es el resultado. Vuélvete
cada vez más consciente y tendrás más madurez; por eso te enseño
conciencia y no hablo de la madurez. Te ocurrirá si eres consciente. Hay
tres etapas en la conciencia.
Primero, hazte consciente de tu cuerpo al caminar, al cortar leña o
transportar agua desde el pozo. Sé observador, estate alerta, atento,
consciente. No vayas haciendo cosas como si fueses un zombi, un
sonámbulo, un autómata.
Cuando te hayas vuelto consciente de tu cuerpo y sus actos, podrás
profundizar más, hacia tu mente y sus actividades: pensamientos,
imaginación, proyecciones. Cuando seas muy consciente de la mente, te
llevarás una sorpresa.
Cuando seas consciente de los procesos corporales, también te
llevarás una sorpresa. Puedo mover la mano mecánicamente, y puedo
moverla de una forma plenamente consciente. Cuando muevo la mano de
una forma consciente, hay gracia, hay belleza.
Puedo hablar sin conciencia. Hay oradores, y predicadores... Yo no sé
nada de oratoria; nunca he estudiado el arte de hablar porque me parece
ridículo. Basta con tener algo que decir. Pero os estoy hablando con plena
conciencia, cada palabra, cada pausa... No soy un orador, no soy un
predicador.
Pero cuando estoy hablando se convierte en un arte. Toma los
matices de la poesía y la música. Cuando hablas con conciencia es
inevitable que esto suceda. Cada gesto, cada palabra tiene su propia
belleza. Hay gracia.
Cuando te vuelves consciente de la mente, estás listo para una
sorpresa mayor. Cuanto más consciente te vuelvas, menos pensamientos
te encontrarás en el camino. Cuando tienes un ciento por ciento de
pensamientos, no hay conciencia. Cuando tienes un uno por ciento de
conciencia, hay un noventa y nueve por ciento de pensamientos, va en
proporción directa. Cuando tienes el noventa y nueve por ciento de
conciencia, sólo tienes el uno por ciento de pensamientos, porque se trata
de la misma energía.
A medida que te vas volviendo más consciente, ya no queda energía
para los pensamientos, se van muriendo. Cuando eres un ciento por
ciento consciente, la mente se vuelve absolutamente silenciosa. Ése es el
momento de profundizar más.
El tercer paso: hacerse consciente de los sentimientos, los estados
de ánimo, las emociones. En otras palabras, primero el cuerpo y sus
actos; en segundo lugar, la mente y su actividad, y en tercer lugar, el
corazón y sus funciones.
Cuando vas al corazón y llevas ahí tu conciencia, volverás a
encontrarte con una sorpresa. Todo lo bueno aumenta y todo lo malo
empieza a desaparecer. El amor aumenta, el odio desaparece. La
compasión aumenta, la rabia desaparece. El compartir aumenta, la
avaricia desaparece.
Cuando eres completamente consciente del corazón, llega la última
sorpresa, la más grande: no tienes que dar ningún paso.
Espontáneamente, hay un salto cuántico. Desde el corazón, de repente te
encuentras en tu ser, en el mismo centro de tu ser.
Ahí sólo eres consciente de ese darte cuenta, sólo eres consciente de
la conciencia. Ya no tienes que tener conciencia de nada más, no queda
nada de lo que ser consciente. Y ésta es la pureza absoluta. Esto es lo que
llamo iluminación.
¡Es tu derecho de nacimiento! Si fracasas, tú eres el responsable. No
puedes echarle la culpa a nadie más.
Y es tan sencillo y natural que sólo tienes que empezar.
El primer paso es difícil. El viaje es sencillo. Hay un dicho: el primer
paso es casi como todo el camino.

OSHO


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