Todo dolor viene a nosotros por la conexión mente-cuerpo.





Cuando comprendemos que la naturaleza contiene curación y destrucción entrelazadas, surge la sospecha de que todas nuestras miserias son, básicamente, autoinfligidas. 
Vemos las nubes en vez del arco iris y las culpamos por la depresión que causan. 
He llegado a pensar que es una manera válida de contemplar el problema, pero al mismo tiempo debo admitir que comparto la resistencia manifestada por la gente cuando se le pide que perciba una realidad más luminosa. 
Su mente rechaza violentamente cualquier sugerencia de que su dolor, tan intenso e incontrolable, ha sido autoinducido. 
Sin embargo, todo dolor viene a nosotros por la conexión mente-cuerpo. 
Es razonable pensar que la conexión funciona en ambos sentidos. Si tenemos pruebas de que determinados elementos químicos del cerebro hacen que uno experimente bienestar, no es posible negar los otros, los que nos hacen sentir deprimidos, enfermos y desesperanzados.



Todas las cosas que llegan a formar parte de nuestra realidad física están creadas con anterioridad en la mente a partir de la materia prima llamada pensamiento

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